Despierta, realizada por Fontaine Capel en colaboración con David Ohana, exploró las consecuencias corporales de los procesos y materiales artísticos. Al invitar al espectador a destruir su producción, Fontaine complicó los límites entre la acción referencial y la realidad, entre el ritual y la verdad. La actuación de Capel comenzó en un ambiente prístino de blanco y negro. Dos largos estantes blancos flanqueaban el espacio central de la habitación; más de cuatrocientas cafeteras, o percoladoras de estufa, fundidas en yeso cubrían el estante izquierdo, y los escombros de yeso, restos del proceso de fundición, cubrían el estante opuesto. Contra la pared del fondo, entre estas colecciones de materiales ordenados, había una bañera negra debajo del cálido resplandor de las bombillas desnudas, colgando del techo a diferentes longitudes de alambre. Despierta, despierta y vigilante, Capel asumió su tarea. Con un propósito tranquilo pero intenso, vestida con un vestido negro hasta el suelo, la artista recogió el yeso roto del estante en un cubo de metal con las manos, y cargó y depositó el peso alrededor de la bañera, formando pilas de escombros. Las masas crecieron cuando Capel repitió el acto de mover el yeso y construyó un paisaje en miniatura de picos y valles, los pedazos de yeso sugirieron patrones geológicos sobre los que se alzaba la bañera de porcelana. Cada impulso orgánico en la repetición encarnada del artista se hizo eco de las filas de cafeteras de reparto repetidas pero minuciosamente diferenciadas. El espectador presenció el agotamiento del cuerpo de la artista mientras completaba esta larga tarea y cómo el polvo de yeso marcaba su vestido y su piel. Como un gesto a su minuciosa producción de las cafeteras, Fontaine entregó simbólicamente su cuerpo al proceso y al material de producción.

Con el estante despejado, Fontaine involucró más su cuerpo en la fabricación. Arrastró dos bolsas de yeso seco y crudo de cincuenta libras desde el estante vacío hasta la bañera, las abrió y vació su contenido en la bañera, medio lleno de agua. Arrodillándose junto a la bañera, Capel agitó la mezcla en una especie de ritual meditativo: su distancia mental de esta actividad corporal contrastaba con su secuencia previa de movimientos. Luego se levantó, se metió en la bañera y sumergió todo su cuerpo en el yeso. Cuando salió a la superficie, la mugre blanca cubrió su piel, su vestido y su rostro con amplias manchas. De inmediato, el proceso de fabricación y los materiales causaron estragos en el cuerpo de la artista: su baño de yeso y la cubierta de piel de yeso que resultó constituyeron una referencia a las horas laboriosas del artista en el estudio manipulando materiales. Sin embargo, la conclusión de su actuación colapsó esa distancia referencial. “Romperlo.” Capel entregó una cafetera de yeso al espectador más cercano y, por lo tanto, invitó a la audiencia a participar. Lo que había sido una representación ritual de la producción se convirtió en una destrucción real del trabajo de Capel. Los resultados del proceso de fundición de yeso de la artista al que se refería la primera mitad de su actuación fueron destruidos por la masa de espectadores, que arrojaron cada objeto de yeso contra la pared trasera detrás de la bañera, rompiendo las bombillas en el proceso.

Las cafeteras se refieren a un ritual de la infancia de Capel: su abuelo la convertía en un dulce cafecito todas las mañanas en décimo grado, y el percolador sigue siendo un símbolo potente de ese ritual, conectado con la herencia materna cubana de Fontaine. Despierta existía en coordenadas geográficas y temporales fijas (la actuación duró dos horas en Fisher Galler), pero evocaba momentos en la historia del artista y los lugares de identidad. La actuación de Capel fue la culminación del esfuerzo físico, intelectual y creativo: fue la propia transformación de la artista la que formó el tema de su trabajo, los materiales y las consecuencias que ofreció al público.
Claire Jenson